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  • Marifer Calderón

Volver a recorrer el camino

En los últimos años se habla de conceptos como “sanar a tu niño interior” o “re-parentar”, volver a criarte. Esto es porque eventualmente, los seres humanos crecemos y nos convertimos en adultos, pero no todos lo hacemos de forma madura o emocionalmente equilibrada.


Madurar es alcanzar nuestro máximo potencial, y con frecuencia nuestras carencias afectivas o emocionales nos impiden llegar a ese punto. Crecer con carencias es sumamente doloroso, es crecer incompleto por lo que de manera inconsciente activamos mecanismos de defensa que nos permitan funcionar en medio del dolor. Dejamos de sentir las cosas que nos atormentan, nos mostramos indiferentes ante ellas, las minimizamos y continuamos nuestro camino. O bien, simplemente dejamos de ver lo que nos lastima, ya no podemos identificar cuál es la fuente de nuestro dolor, y si no vemos el origen, difícilmente podremos atenderlo. Así, somos capaces de vivir por años creyendo que nos desenvolvemos con normalidad. Nos convertimos en adultos inmaduros que arrastran heridas ocasionadas por experiencias tempranas y, sorpresivamente, reaccionamos ante ciertas situaciones que las vuelven a activar sin entender lo que sucede.


De ahí, la importancia de sanar al niño interior, voltear a ver al niño que fuimos y reconocer las carencias que tuvimos. Aceptar que nos dolió el abandono, el rechazo, la humillación, la traición o la injusticia, es reconocer nuestras heridas de la infancia.


Una vez que logramos ver a nuestro niño herido, es importante atenderlo, darle el amor y los cuidados que le hicieron falta, esto es: re-parentar. Convertirnos en la mamá o el papá que nuestro niño herido necesita. Aprender a validar nuestros sentimientos, identificar las situaciones que nos estresan, aceptar nuestros errores sin culpas, nutrirnos física y emocionalmente, hablarnos con cariño y respeto. Estas son una manera de re-parentarnos.


Recorrer el camino para lograr llegar hasta aquí no es sencillo, requiere de mucho valor, poder tolerar las experiencias dolorosas, aceptarlas, entenderlas y sanarlas es todo un reto. Implica un importante trabajo de desarrollo humano que podemos hacer de manera independiente, pero lo ideal sería contar con un acompañamiento terapéutico, la ayuda de un profesional que nos pueda sostener y guiar.


¿Por qué es importante sanar a nuestro niño interior y re-parentarnos? Sin duda, para caminar más ligero, quitarnos el peso de todo lo que venimos cargando sin darnos cuenta: culpas, juicios, miedos… Esto nos va a permitir construir relaciones más estables, resolver conflictos de forma armoniosa, gestionar nuesras emociones de manera adecuada e integrarnos a la sociedad proactivamente.


Pero no sólo por un beneficio personal, al sanar nosotros, vamos a poder romper ciclos transgeneracionales, podemos evitar el transmitir nuestras heridas a las siguientes generaciones y ejerceremos una parentalidad mucho más sana y equilibrada. Sin duda siempre habrá retos, nuestros hijos experimentarán nuevas heridas, pero al realizar nuestro trabajo personal como mamá y papá tendremos mayor capacidad para ver los retos con claridad y ofrecerle a nuestros hijos mejores recursos para alcanzar su bienestar.


Los adultos de hoy necesitamos criar a niños y adolescentes que sientan seguridad emocional para que logren convertirse en adultos maduros y equilibrados, si para eso necesitamos volver a recorrer el camino y sanar al niño interior, ¡hagámoslo!



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