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  • Marifer Calderón

El trabajo personal de mamá y papá.

Actualizado: 26 feb

Hacerse cargo de una persona, es una tarea que requiere madurez emocional y psicológica. No se trata sólo de tener hijos, de esto hablé en “Tener un piano no te convierte en pianista...”. Sabemos que la tarea de papá y mamá es mucho más compleja y requiere de ciertas habilidades prácticas para cuidar, proteger y educar a los hijos asegurándoles un desarrollo sano, estas habilidades o cualidades son conocidas como competencias parentales.


Ejercer el papel de mamá o papá de manera responsable requiere de un importante trabajo personal. No siempre somos adultos maduros, tenemos carencias, heridas de la infancia que nos han marcado y si no hemos sanado podemos reflejarlas en nuestros hijos y hacerles daño, aún cuando queremos lo mejor para ellos.


Si de niños, vivimos experiencias de abuso, maltrato o abandono, es muy probable que lastimemos a los hijos, por lo que es importante tomar consciencia de esto y estar dispuestos a cambiar para nosotros mismos crecer y sanar.


No podemos ir por la vida ignorando o justificando conductas nocivas, necesitamos reconocer cuando no actuamos de manera adecuada, estar alerta de lo que hacemos, o no hacemos, y de lo que lastima a nuestros hijos. Probablemente sea nuestra impulsividad, poca tolerancia o sobre-reacción, a veces somos demasiado exigentes, criticamos con frecuencia y alentamos poco. Tal vez nos mostramos indiferentes, poco cariñosos o ausentes. Es verdad que no somos responsables de cómo fuimos tratados de pequeños, tampoco de cómo eso nos marcó para ser las personas que somos hoy, pero sí somos responsables de observar nuestras reacciones y reconocer cuando nos equivocamos para corregir el camino.


Necesitamos identificar los detonantes de nuestro enojo, tristeza, culpa, ansiedad o vergüenza para aprender a lidiar con ellos en lugar de reaccionar y descargarnos con los hijos. Nos corresponde romper ese patrón de padres heridos que lastiman a sus hijos. Al reconocer que tuvimos una reacción exagerada, o hiriente, podemos identificar qué fue lo que la originó y reflexionar en ello. No son los hijos los que nos “sacan de nuestras casillas”, algo sucede en nosotros que nos hace perder el control, tomemos responsabilidad de esto y cuando se vuelva a enfrentar una situación similar, antes de reaccionar, hagamos una pausa ¿qué es lo que me molesta de ésta situación? Porque nuestras heridas de pequeños pueden definir nuestra personalidad y la manera como tomamos decisiones, así como nuestras actitudes y comportamientos.

Es importante aprender a reflexionar. ¿Qué siento cuando sucede esto? ¿Por qué me siento de esta manera? ¿Por qué tomé esa decisión o puse ese límite? ¿Cuál fue mi reacción ante cierta conducta de mi hijo, por qué actué de esa forma? Puede ser doloroso recordar experiencias hirientes de cuando éramos niños, volver a experimentar el rechazo de un padre, el abuso de una madre, la sensación de abandono o injusticia… pero solamente si nos permitimos sentir esto, si lo expresamos y lo lloramos.


Lograr el autocontrol que tanto deseamos, requiere estar conscientes de lo que sentimos y por qué lo sentimos, poder hablarlo de ello y sanarlo. De otra manera, nuestras emociones nos dominan, reaccionamos por impulsos. Los impulsos pueden lastimar y nouestra intención no es esa.


Las principales reacciones impulsivas de defensa son: atacar, huir o quedarse paralizados. Si como padres, nos sentimos acorralados ante una situación, si revivimos alguna herida de nuestra infancia, podemos reaccionar por impulso.

Una mamá o un papá que ataca, es un padre que lastima e impone su poder. Grita, humilla, controla, o incluso, hasta golpea.

Un padre que huye, parece que trata de escapar, que no puede con la responsabilidad o le parece demasiado abrumadora, es una mamá o un papá que se muestra frágil o indiferente y esto también lastima, hace sentir al niño que no es lo suficientemente importante como para ser atendido, o que sus padres no tienen la fuerza para cuidarlo y hacerse cargo de él y de la situación, se siente abandonado.

Por último, una mamá o un papá que se paraliza, que no sabe qué hacer, pierde el control, se ve dudoso e inseguro, esto asusta a sus hijos, los coloca en una situación de alarma y genera ansiedad. Niños y niñas necesitan sentir seguridad y control en papá y mamá, pero también ternura y tolerancia.


Si nos permitimos actuar en función de nuestras propias heridas sin sanarlas, vamos a generar mas heridas en nuestros hijos, rompamos este ciclo trabajando en nuestro propio desarrollo personal para poder crecer y madurar por nosotros, y por nuestro hijos.


Sanar las heridas de la infancia puede no ser una tarea fácil, si requieres ayuda, no dudes en buscar apoyo profesional.

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